Mostrando entradas con la etiqueta La doctrina térmica de la salud. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La doctrina térmica de la salud. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de noviembre de 2015



LA MEDICINA NATURAL DE MANUEL LEZAETA ACHARÁN



Manuel Lezaeta: Doctrina termica de la salud

COMO CONCIBIÓ MANUEL LEZAETA ACHARÁN SU DOCTRINA TÉRMICA DE LA SALUD


ESTUDIANTE DE MEDICINA DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE

“Este concepto es anunciado por vez primera en el campo de la salud humana y tiene la siguiente historia:
Corría el año 1899 cuando entré a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, dirigida entonces por el doctor Polhamer. entre otros, recuerdo a mis maestros David Benavente, de anatomía; doctor Adeodato García Valenzuela, de química y doctor Enrique, de física. Y de mis compañeros, después eminentes médicos, doctores Vargas, Salcedo, Díaz Lira, Guiglioto, etc.


ENFERMEDAD

Víctima de las llamadas enfermedades sociales, me vi obligado a interrumpir mis estudios médicos, los que no reanudé después cuando me di cuenta del fracaso de la medicina para restablecer la salud.
Durante largos años fui tratado por profesores y especialistas de Santiago, con cuyos dispendiosos servicios sólo obtuve agravar mis dolencias que fueron complicándose cada año.
Ante tanto fracaso de la llamada ciencia médica, me di por vencido en mi empeño de librarme de mis males, que me hacían intolerable la vida y me resigné a morir a corto plazo.

ENCUENTRO FORTUITO

Huyendo de mi mismo, llegué un verano a un pueblo del sur de Chile y la víspera de mi regreso a la capital, un monje capuchino tropezó conmigo a la salida del hotel que habitaba y, mirándome fijamente me interrogó: “¿Has venido a verme?” _no padre, contesté. _ “Anda a mi consulta, porque estás muy enfermo”, agregó él. Era el padre Tadeo que, sin buscarlo, la Divina Providencia ponía en mi camino para salvarme la vida.
Abatiendo el orgullo profesional que a los alumnos se inculca en la Escuela de Medicina, me presenté a la consulta del Padre Tadeo, quien observando mi garganta me dijo: “Da gracias a Dios de estar aquí, porque estás tan enfermo que, si no sigues mi tratamiento, te vas a morir muy luego”. A pesar de comprender la gran verdad de este juicio y, sintiendo que cada noche era la última de mi vida, le manifesté que tenía en mi poder certificados de exámenes de mis profesores que establecían la ausencia de microbios de la infección sifilítica en mi cuerpo y que ahora era sólo víctima de neurastenia. “Te equivocas tú y se equivocan los médicos, la enfermedad la tienes en la sangre”. me replicó.

LA RECETA

Recibí la “receta” que prescribía paseo a pie desnudo por el rocío del pasto al salir el sol, frotaciones y chorros de agua fría a distintas horas; envolturas de todo el cuerpo, alternando con vapores de cajón, excursiones con ascensión de cerros, etc.
Aun cuando me parecía difícil que con estas originales prácticas pudiera recuperar mi perdida salud, me sometí a ellas con puntualidad y constancia.

CAMINO AL BIENESTAR

Antes de quince días de este tratamiento, para mí se abrió un horizonte de felicidad y bienestar desconocido, pero, al mismo tiempo apareció abundante flujo uretral que los médicos me habían “curado” años anteriores, sofocando su expulsión del cuerpo y obligando a éste a retener esas materias corrompidas que me causaron inflamación prostática, estrechez de la uretra y hasta retención de orina. También se me hincharon los ganglios de las ingles, axilas y cuello, apareciendo además erupciones y llagas en todo mi cuerpo.

CRISIS CURATIVA

Con estas novedades volví a la consulta y le dije: “Me estoy pudriendo, Padre, vea lo que me pasa”…”Estas salvado, ahora vas a expulsar la enfermedad que los médicos te echaron en la sangre”, fue su respuesta.
Más de un año estuvo mi cuerpo eliminando pus por la uretra, llagas y postemas, sin notar ninguna complicación y sintiendo cada día la felicidad de vivir nunca antes conocida la que Dios gracias conservo hasta la fecha que tengo 77 años de edad.

LA ACCIÓN DE LOS AGENTES DE LA NATURALEZA

Ante la elocuencia de estos hechos, me di cuenta que las drogas eran incapaces de devolver la salud perdida y que ésta sólo podía mantenerse y recuperarse, mediante la acción de los agentes vitales que ofrece la Naturaleza en el aire, la luz, el sol, el agua fría, la tierra, frutas y vegetales crudos. Tomé entonces la resolución de dedicar mi vida entera al estudio, práctica y difusión de la verdad en cuanto a salud se refiere, la que providencialmente había llegado a conocer al margen de la medicina facultativa.

APRENDIENDO LA CURA DE SEBASTIÁN KNEIPP

Durante nueve años seguí a su lado las sabias enseñanzas y prácticas del Padre Tadeo de Wisent. Habiendo abandonado Chile este sabio capuchino alemán, para ir a curar a los leprosos de Colombia, me dediqué a estudiar las obras de sus maestros, especialmente del célebre cura de Woerishoffen, monseñor Sebastián Kneipp.

CONCEPCIÓN DE LA DOCTRINA TÉRMICA Y DESCUBRIMIENTO DE LA IRIDOLOGÍA


La salvadora experiencia del sistema Kneipp me llevó al estudio de los otros grandes maestros, Priessnitz, Bidaurrazaga, etc. Sin embargo, no encontré en estos geniales intuitivos la doctrina filosófica que explicara la recuperación de mi salud y aunara los puntos de vista por ellos expuestos.
En este empeño de muchos años conocí felizmente la Iridología. El estudio de numerosas obras sobre este tema me llevó a la conclusión de que nada aprovechable había en el examen del iris de los ojos haciéndolo con criterio anatómico o patológico.
En cambio, la idea de que como fruto de mis observaciones y experiencias se despertó y arraigó progresivamente en mí, me llevó a formular mi doctrina térmica como base de normalidad en el funcionamiento del cuerpo humano. Esta idea fue cada día comprobándose con el examen del iris de los ojos de miles de enfermos y sanos que en el transcurso de más de 40 años he podido observar.
Nació así mi Doctrina Térmica, que viene a ser la piedra angular que fundamenta en forma evidente los diversos sistemas de los geniales intuitivos que han dado vida al Naturismo Universal y explica sus éxitos.
LIBRO: EL IRIS DE TUS OJOS REVELA TU SALUD
Como lo expongo en mi libro “El iris de tus ojos revela tu salud”, mi Doctrina Térmica, por primera vez en la historia, saca el problema de la salud del trillado campo de la patología y terapéutica en que hasta la fecha se ha debatido en el mundo y lo coloca en el terreno de la temperatura. Este nuevo concepto que conquistará el campo de la salud, viene a dar fisonomía propia al Naturismo, sacándolo del actual confusionismo y anarquía.
A la luz de mi doctrina, el público sabrá a qué atenerse, porque quedan bien deslindados los campos de la alopatía, con sus teorías convencionales, y el Naturismo, con su Doctrina Térmica, perfectamente  bien comprobada por el iris de los ojos humanos y sólidamente fundamentada y demostrada por las leyes de la Naturaleza.
LA "CIVILIZACIÓN"  (DESNATURALIZACIÓN)
La vida civilizada lleva al hombre al desequilibrio de las temperaturas de su cuerpo, afiebrando diariamente sus entrañas con la cocina y debilitando el calor de su piel con ropas y abrigos inadecuados. De aquí el origen de todo desarreglo funcional que se inicia con resfriados e indigestiones.

NO EXISTE ENFERMO SIN FIEBRE INTERNA

Con razón Kuhne afirmó que “no existe enfermo sin fiebre interna”, en el cual la piel también está afeminada e inactiva. Esta es la razón por qué los sistemas naturistas en uso se dirigen a conservar o restablecer la salud, unos fortificando la piel con aplicaciones frías y otros refrescando las entrañas del sujeto con baños derivativos del bajo vientreaplicaciones de barro y dieta refrescante de frutas o ensaladas crudas.

Según esto, los distintos sistemas naturistas de hidrópatas, fisiatras, trofólogos, nudistas, dietistas, vegetarianos, etc., obtienen sus éxitos actuando sobre las temperaturas del cuerpo, pero en forma rutinaria que conduce al curanderismo. 

DOCTRINA TÉRMICA Y EL EXAMEN DEL IRIS

En cambio, mi Doctrina Térmica permite establecer, por el examen del iris, la necesidad que existe en todo enfermo  de afiebrar su piel y refrescar sus entrañas. Esta doble finalidad es siempre preciso realizarlo para obtener la normalidad funcional del organismo, vale decir su salud integral. Es, pues, siempre y en todo caso un solo objeto el que debe obtenerse y sólo varía la intensidad de las aplicaciones adecuadas a cada caso, de acuerdo con las necesidades que se descubren en el iris y con las condiciones personales del sujeto.

NO HAY ENFERMEDADES, SINO ENFERMOS 

Mi Doctrina Térmica viene a completar los aforismos ya conocidos como fundamentales en la ciencia de la salud. Así tenemos que “no hay enfermedades, sino enfermos”, o sea individuos faltos de salud por desequilibrio térmico del cuerpo en grado variable. Aquí está comprobada la unidad de las enfermedades. Además, “la Naturaleza es la que cura”, para que ello sea posible es menester colocar al cuerpo en Equilibrio Térmico.

Según el primero de estos conceptos, la patología es inútil convencionalismo y según el segundo, se niega la necesidad y eficacia de la terapéutica.

Tenemos, pues, que el problema de la salud se ha convertido en una cuestión térmica, debido a la vida civilizada que desequilibra las temperaturas del cuerpo, alterando con ello la normalidad funcional del organismo, vale decir, causando el estado de enfermo.

La ignorancia de mi Doctrina Térmica ha conducido al error de que muchos autores naturistas hablan de infecciones, fagocitosis y acción microbiana. Sin embargo, caen en la contradicción de condenar drogas, sueros, vacunas, etc. Que tienen por objeto actuar sobre estos microbios.

EL ARMA PRINCIPAL: LA HIDROTERAPIA

Sin darse cuenta, toda terapia Naturista ha justificado mi Doctrina Térmica, sin haber sido antes expuesta, ya que su arma principal es el agua fría en el tratamiento de los enfermos. Lógicamente, este elemento es incapaz de matar microbios, pero es indispensable para normalizar las temperaturas del cuerpo, siempre víctima de fiebre o calentura.

AFIEBRANDO LA PIEL Y REFRESCANDO LAS ENTRAÑAS.

Aceptada mi Doctrina Térmica, la higiene se reduce a mantener el cuerpo en Equilibrio Térmico mediante el cumplimiento de la ley natural y todo procedimiento curativo debe dirigirse a restablecer dicho equilibrio, afiebrando la piel del enfermo y refrescando sus entrañas, de acuerdo con las revelaciones del iris de los ojos que siempre acusa variable congestión digestiva y deficiente calor de la piel del sujeto.

Debidamente probada en mis obras la verdad de mi Doctrina Térmica, como solución del problema de la salud del hombre, sólo falta difundirla al máximum para que llegue al conocimiento de las masas como bandera de redención liberadora de la esclavitud moderna impuesta por la tiranía médica, cuyos intereses prosperan a la sombra de la ignorancia en cuanto a Salud se refiere.

SÍNTESIS

Termino definiendo. Doctrina Térmica es la que enseña al hombre a mantener o recuperar su salud mediante el equilibrio de las temperaturas interna y externa de su cuerpo.
Esta doctrina es ciencia de la salud al margen de la medicina”.

Fragmentos extraídos del libro: La Medicina Natural al alcance de todos – Manuel Lezaeta Acharán


domingo, 6 de septiembre de 2015






 EL LEGADO DE LOS SABIOS




LA SALUD AL ALCANCE DE TODOS


Hipócrates formuló las reglas del verdadero arte de curar en su clásica frase “Natura Medicatrix”; significa que “la Naturaleza es la que cura”, pues existe en nuestro interior una fuerza vital curativa

Estudiosos de la salud de todos los tiempos han observado esta fuerza interna ordenadora y curativa denominándola de diferentes maneras. Manuel Lezaeta fue uno de ellos.




Manuel Lezaeta en su tiempo, denunció la acción tóxica de los medicamentos químicos, como agentes que deprimen y anulan la fuerza curativa vital de nuestro cuerpo, llegando a paralizarla e impidiendo toda reacción defensora y restauradora. También se opuso a la cirugía, pues al mutilar las entrañas, hace imposible restablecer nuevamente la normalidad funcional del organismo, perdiéndose la unidad del cuerpo. Recordemos que el cuerpo es un solo órgano con una sola su función: la vida.

Nota: hay excepciones en las cuales es necesaria la cirugía responsable en casos de urgencia médica.

Un poco de historia

Después de la curación de su grave enfermedad, Manuel Lezaeta por nueve años siguió las enseñanzas y práctica del monje capuchino Tadeo de Wisent

Posteriormente estudió las obras de Sebastián Kneipp, sacerdote y médico naturista alemán, uno de los precursores de la hidroterapia, Vincent Priessnitz, que dio origen a la medicina alternativa usando hidroterapia y la cura natural, Wilhelm Kuhne, fisiólogo alemán, Arnold Rikli, naturópata suizo, célebre por su cura atmosférica, Adolf Just, naturista alemán que fundó un instituto naturopático y el hospital Jungborn, en Eckertal, que además estableció un hospital de medicina natural en Pune, India; su paciente más prominente fue Franz Kafka; Bilz, fisiatra, creador de un sistema de curación natural, Benedict Lust, alemán, uno de los fundadores de la naturopatía, Joan Angelats, precursor de la naturopatía española, Amílcar de Souza, médico portugués y autor de diversos libros, Ángel Bidaurrázaga, célebre médico vizcaíno titulado en Madrid, quién posteriormente abandonó la medicina convencional entregándose de lleno al hipocratismo – naturista; etc. 

A todos ellos estudió Lezaeta buscando la explicación completa de la recuperación de su salud.

Sus estudios de Iridología lo llevaron finalmente a formular la doctrina térmica como base para la normalidad funcional del organismo humano. La pudo comprobar en los ojos de miles de enfermos y sanos que observó a lo largo de su práctica de más de 40 años.

Su doctrina se desligó de las teorías convencionales, fundamentándose sólidamente en las Leyes de la Naturaleza y corroborándola día a día por el examen del iris de los ojos de sus pacientes. 

Lezaeta en sus libros explica cómo la vida civilizada lleva al hombre al desequilibrio de las temperaturas de su cuerpo, afiebrando diariamente sus entrañas con la cocina (alimentos contaminados y malas combinaciones alimentarias) y debilitando el calor de su piel con ropas y abrigos inadecuados así como excesivos.

LEGADOS  NATUROPÁTICOS



Kuhne decía que: “no existe enfermo sin fiebre interna.”
Kneipp descubrió que toda alteración de salud “era consecuencia de una piel inactiva y debilitada”.

Kuhne combatía la fiebre interna y Kneipp hacía reaccionar la piel fría e inactiva de todo enfermo. La doctrina de Lezaeta amalgamó ambas prácticas curativas, combatiendo juntamente la fiebre interna y el frío exterior del cuerpo, refrescando el interior del vientre y despertando el calor natural de la piel, descubriendo que el arte de conservar y restablecer la salud es cuestión de temperaturas.

Lezaeta definió la fiebre como un fenómeno de naturaleza inflamatoria y congestiva, que se origina por reacción nerviosa y circulatoria cuando los nervios son irritados o sometidos a un trabajo mayor que el normal. 

Esto se observa en el iris de los ojos del enfermo y se confirma por un pulso superior a 70. La fiebre interna gastrointestinal altera el valor nutricional de los alimentos, debilita por desnutrición e intoxicación progresiva y crónica. Altera e incapacita las funciones de nutrición y de eliminación de los pulmones, porque acelera la actividad cardiaca, enviando con demasiada frecuencia la ola sanguínea a los pulmones, congestionando así sus tejidos y estrechando la capacidad de aire.

Lezaeta también descubrió que la fiebre interna debilita las funciones de la piel, que es nuestro tercer riñón y pulmón, provocando anemia por deficiente circulación sanguínea en este órgano.

¿Qué tratamientos pusieron en práctica estos grandes intuitivos de la salud humana?
  
Simplemente normalizaron las funciones del organismo en sus procesos de nutrición y eliminación que simultáneamente se realizan por el aparato digestivo, los pulmones y la piel. 

Evitaron toda droga y demás químicos que intoxican la sangre y el sistema nervioso. 

Restauraron el equilibrio térmico de sus pacientes, normalizando el organismo, fortaleciendo la fuerza vital y encauzándola para erradicar la enfermedad, cualquiera que ésta fuese.

Concluyeron finalmente que las enfermedades no se curan, pues toda enfermedad, en su principio, es de naturaleza funcional y no microbiana.



Antoine Béchamp tenía razón cuando le dijo a Louis Pasteur: el microbio no es nada, el terreno lo es todo”. Pasteur reconoció esto, pues un poco antes de morir declaró que Béchamp tenía razón.

LA TEORÍA DEL TERRENO DE BERNARD 

Si nuestro organismo está en equilibrio térmico, entonces nuestro "terreno" se verá libre de acúmulos tóxicos en sus espacios intersticiales o extracelulares, situación vital para la nutrición celular, y la conservación del pH interno requerido en sangre y tejidos, (sinónimo de correcto equilibrio bioquímico del cuerpo, además de sangre pura y limpia), condición en la cual es imposible que los microorganismos pueden tornarse virulentos y patógenos.

La frase anterior es correcta, porque, la digestión, alterada por fiebre interna, degenera en putrefacción, generando una fuente de tóxicos que envenenan la sangre y el organismo. Estos venenos, en pequeña cantidad, originan casi el 80% de las distintas alteraciones de salud conocidas como “enfermedades”.

La sangre es producto de la digestión y ésta sólo es sana elaborándose a 37 grados de temperatura. 

Sin sangre pura y limpia no hay proceso reconstructivo ni cura y los tejidos y células mueren intoxicados, provocando procesos degenerativos, como el cáncer.

La influencia de aire y agua contaminados, los ruidos de las grandes urbes sobre el sistema nervioso, alimentos contaminados y desvitalizados, abuso de drogas, medicamentos, químicos, exposición a radiaciones, etc., sumado a las deficiencias de vitaminas y minerales en los alimentos, son factores que minan la salud y vitalidad humana. 

Debido a estas variables ha surgido un sinfín de síntomas nuevos. Pero por más numerosos que éstos sean, sólo tenemos cierto número de órganos en los que pueden asentarse las enfermedades. No importa cuánto cambien nuestros hábitos. Los órganos afectados son los mismos.

La Iridología como herramienta permite ver los cambios internos que se van operando en los tejidos y órganos. A través de ella se puede determinar la fuerza funcional de cada órgano, comprobar la facultad reconstructiva de la sangre, que lleva en su flujo los nutrientes necesarios a las células que forman los tejidos orgánicos a fin de que éstos se reparen. Muestra la fuerza nerviosa, el poder regenerador de los tejidos y las fases de la enfermedad. En Iridología sólo existe el enfermo y no la “enfermedad” al mostrar el organismo completo de forma holística, situación que permite tomar las medidas oportunas en la prevención de dichas “enfermedades”.



El Dr. Eduardo Alfonso, célebre médico español, doctorado en medicina en la Facultad de San Carlos en Madrid, fue presidente de la Federación Naturista Española, miembro del Consejo de Investigaciones de la Emerson University, Los Ángeles, Catedrático de Historia en la Universidad de Chile, escritor de numerosas obras de Medicina Natural de gran vigencia en la actualidad, en su conocido Libro Curso de Medicina Natural en 40 Lecciones, páginas 153 y 154, describiendo la anatomía del ojo y acerca del diagnóstico por el iris dice así:

DIAGNÓSTICO POR EL IRIS

“Se basa en el reconocimiento del estado de los órganos, por las señales que estos proyectan en el iris del ojo, con motivo de sus alteraciones anatómicas y funcionales. Sabido es que, el iris es el diafragma contráctil, situado en la cámara anterior del ojo, delante del cristalino, y perforado por un orificio, circular en la especie humana, que se llama la pupila. 

Este diafragma iridiano, que no es sino el segmento anterior de la coroides (membrana que, por su parte, tapiza interiormente la esclerótica) está inervado por el nervio ciliar corto del tercer par craneal o motor ocular común; y por el nervio ciliar largo del sistema nervioso simpático. 

Este hecho que pone al iris en conexión con el ganglio cervical superior del gran simpático por un lado, y por el otro lado con el ganglio oftálmico del parasimpático, nos explica como el iris está en comunicación nerviosa con todo el organismo, y la posibilidad de que lleguen a él las impresiones de todos los órganos.

Página 155.

Todos los órganos importantes del cuerpo tienen su representación correspondiente en una de las áreas del iris, conforme como lo indica la *figura 16”
Figura 16 (*clave iridológica donde pueden verse las zonas correspondientes a cada órgano)  




La Iridología, redescubierta por el Dr. Ignatz Von Peczely hace 200 años, y La Doctrina Térmica de la Salud, compilación y síntesis magistral del conocimiento naturopático llevado a cabo por Manuel Lezaeta Acharán, son dos poderosas llaves para mantener o retornar a la salud perdida. 

El deseo y legado de estos hombres ha sido cumplido: poner la salud en nuestras manos: "la salud al alcance de todos"